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7 · Alta Edad Media arte

La notación musical con neumas

hacia 850 d. C. Monasterios de Europa occidental (por ejemplo, San Galo, Suiza)

En breve

En los monasterios se cantaba el canto gregoriano, pero las melodías se aprendían de memoria escuchando a los maestros. Hacia mediados del siglo IX, los monjes empezaron a escribir encima de las palabras unos pequeños signos, los neumas, que indicaban si la voz debía subir o bajar. Al principio no había líneas, así que los neumas solo ayudaban a recordar una melodía que ya se conocía. Más tarde, hacia 1025, Guido de Arezzo añadió las líneas y puso nombre a las notas.

Por qué es importante El pentagrama que se usa hoy para escribir música nace de aquellos primeros signos.

Fuente: Treccani, entrada «Neuma»

Ilustración: La notación musical con neumas (Monasterios de Europa occidental (por ejemplo, San Galo, Suiza))
Ilustración creada con IA para Storiascopio
La notación musical con neumas: Monasterios de Europa occidental (por ejemplo, San Galo, Suiza)
Dónde: Monasterios de Europa occidental (por ejemplo, San Galo, Suiza)

Ficha para estudiar unos 4 minutos de lectura

La historia

Cantos que se aprendían de memoria

En los monasterios y en las iglesias de la alta Edad Media se cantaba todos los días: salmos, oraciones, himnos, en latín, a una sola voz, sin instrumentos. Ese canto se llama hoy gregoriano, por el nombre del papa Gregorio Magno, porque una tradición, probablemente legendaria, decía que se lo había dictado una paloma, símbolo del Espíritu Santo. En realidad se formó lentamente a lo largo de muchos siglos, mezclando tradiciones romanas y francas.

Durante siglos nadie escribió la música, ni siquiera los grandes maestros de canto. Los cantores aprendían las melodías escuchándolas y repitiéndolas, y recordaban cientos de memoria. Un gran estudioso del siglo VII, Isidoro de Sevilla, escribió que, si los sonidos no los recuerda el ser humano, se pierden, porque no se pueden escribir. En efecto, no existía ninguna manera de hacerlo.

Los signos sobre las palabras

Hacia mediados del siglo IX, en algunos monasterios de Francia y de Suiza, como el de San Galo, nació la idea de marcar con pequeños símbolos, sobre las palabras del texto, el desarrollo de la melodía. Estos signos se llaman «neumas», de una palabra griega que significa «seña». Son líneas, puntos y garabatos que recuerdan los gestos con los que el maestro del coro dirigía a los cantores, subiendo y bajando la mano.

Los neumas no decían qué altura tenía una nota, sino solo si la melodía subía, bajaba, se detenía u oscilaba. Servían a quien ya conocía el canto, para recordarlo, y no a quien tenía que aprenderlo desde cero. Los cantores seguían teniendo que aprender las melodías de sus maestros, lo que llevaba años, y si la tradición se interrumpía, la música se perdía.

Las líneas y las notas

El paso decisivo se dio en el siglo XI, en Italia, gracias a un monje llamado Guido de Arezzo, nacido hacia el 991. Enseñaba canto a los muchachos en las escuelas de las catedrales y se dio cuenta de lo agotador que era hacerles aprender todo de memoria: hacían falta diez años, decía, para formar a un buen cantor. Entonces ideó un método.

Trazó sobre el pergamino líneas horizontales, en número de cuatro (hoy son cinco), y coloreó algunas de rojo y de amarillo para indicar notas precisas. Cada neuma, colocado sobre una línea o en un espacio, indicaba así una nota de altura exacta. Era el pentagrama, la base de cualquier partitura de hoy.

Guido inventó también un truco para recordar los sonidos. Tomó un himno a san Juan Bautista, «Ut queant laxis», en el que cada verso empieza en una nota más alta que el anterior. Las primeras sílabas de los seis primeros versos de la estrofa, «ut, re, mi, fa, sol, la», se usaron para dar nombre a las seis notas. Más tarde «ut» pasó a ser «do» y se añadió «si». Todavía hoy los nombres de las notas derivan de ahí. Después de él se difundió también la llamada «mano guidoniana», una ayuda para la enseñanza que se le atribuye: cada punta y cada articulación de los dedos representaba una nota, y el maestro la señalaba con el dedo.

Antes de Arezzo, Guido había vivido en la abadía de Pomposa, cerca de Ferrara. Allí sus ideas no fueron bien acogidas por sus compañeros, quizá por envidia, y por eso se trasladó a una ciudad donde el obispo lo escuchó y lo apoyó. Guido describió sus métodos en un libro, el «Micrologus», escrito hacia 1026. El papa Juan XIX quiso conocerlo y lo invitó a Roma, donde lo puso a prueba con una antífona desconocida: el monje la aprendió en poco tiempo, y el papa quedó asombrado. Así lo cuenta él mismo, en una carta.

Por qué ocurrió

Los monasterios carolingios trataban de unificar la liturgia y el canto en todo el imperio de Carlomagno. Para mantener iguales los cantos en lugares lejanos hacía falta una manera de fijarlos por escrito.

El repertorio se había vuelto demasiado grande para recordarlo de memoria, y enseñar los cantos a los muchachos llevaba años. Un sistema escrito habría ahorrado tiempo y esfuerzo a todos los maestros de coro.

Qué cambió

La notación musical permitió conservar la música a lo largo del tiempo y difundirla de un lugar a otro. Sin ella, la música habría seguido atada a lo que recordaban los cantores.

Con las líneas y las notas se favoreció la escritura de músicas a varias voces, es decir, la polifonía, que en los siglos siguientes dio origen a la música culta occidental. Compositores como Bach, Mozart y Verdi escribían sus obras con un sistema que desciende del de Guido.

Los nombres de las notas, do re mi fa sol la si, se usan en Italia, Francia, España y muchos otros países. En los países de lengua inglesa y alemana se usan en cambio las letras del alfabeto, pero el origen es el mismo.

Personas y lugares clave

Personas

Guido de Arezzo
Monje y teórico de la música (hacia 991 - después de 1033): inventó el pentagrama y los nombres de las notas.
Gregorio Magno
Papa del 590 al 604: por tradición se le atribuye el canto gregoriano.
Isidoro de Sevilla
Obispo y estudioso (hacia 560-636): escribió que los sonidos no se pueden escribir.
Paulo Diácono
Monje e historiador (hacia 720-799): autor del himno «Ut queant laxis».

Lugares

San Galo (Suiza)
Abadía con una célebre escuela de canto y una importante biblioteca.
Arezzo
Ciudad toscana donde Guido enseñó, y donde hoy una plaza lleva su nombre.
Pomposa (Ferrara)
Abadía en la que Guido habría trabajado antes de trasladarse a Arezzo.

Para saber

  • Los nombres do, re, mi, fa, sol, la vienen de las primeras sílabas de un himno a san Juan Bautista.
  • El primer nombre de la nota «do» era «ut».
  • Los primeros pentagramas tenían solo cuatro líneas.
  • Guido de Arezzo dijo que hacían falta diez años para formar a un buen cantor.
  • Los neumas recordaban los gestos del director del coro.

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